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¿Cómo influye la relación con tu madre en el embarazo?

Durante el embarazo no solo empezamos a imaginar cómo será nuestro bebé. También comenzamos a preguntarnos cómo seremos nosotras como madres.

Y en ese proceso puede aparecer nuestra propia historia: cómo fuimos cuidadas, qué recibimos de nuestra madre, qué echamos de menos y qué experiencias queremos vivir de una manera diferente con nuestros hijos.

Incluso puede surgir un miedo muy concreto: ¿y si termino repitiendo con mi bebé lo que viví con mi madre?

Nuestra historia influye en nosotras, pero no determina la madre que vamos a ser. 

En este artículo hablaremos de cómo la relación con tu propia madre puede influir durante el embarazo, por qué eso no significa que estés destinada a repetir los mismos patrones con tu bebé y cómo puedes empezar a construir, de una manera más consciente, tu propia identidad como madre.

¿Estás lista?

Comenzamos.

 

La relación con la madre

Nuestra madre suele ser una de nuestras primeras referencias sobre lo que significa cuidar y ser cuidadas.

Evidentemente, no todas hemos crecido con nuestra madre biológica ni todas las familias tienen la misma estructura. Sin embargo, normalmente existe alguna figura que ha ocupado ese lugar de cuidado durante nuestros primeros años.

A través de esa relación vivimos y aprendemos muchas cosas:

  • Cómo nos consolaban cuando llorábamos,
  • La forma en que respondían cuando teníamos miedo,
  • Cómo se expresaba el afecto,
  • La manera en que se establecían los límites o
  • Qué ocurría cuando nos equivocábamos.

También aprendemos hasta qué punto podíamos expresar lo que necesitábamos y si era seguro hacerlo.

Muchas de estas experiencias sucedieron cuando éramos demasiado pequeñas para analizarlas o ponerles palabras. Simplemente las vivimos.

Por eso, hablar de la relación con nuestra madre no consiste únicamente en clasificarla como buena o mala. Es mucho más complejo.

Podemos haber recibido muchísimo amor y, al mismo tiempo, reconocer experiencias que hoy queremos vivir de otra manera. Podemos admirar muchas cosas de nuestra madre y cuestionar otras.

Incluso podemos comprender perfectamente por qué actuó de determinada manera y, aun así, decidir que nosotras queremos hacerlo diferente.

Nuestra madre puede convertirse tanto en un modelo como en un contramodelo.

Podemos pensar “quiero cuidar a mi bebé como mi madre me cuidó a mí” o, por el contrario, “esto nunca quiero hacerlo con mi hijo”.

Aunque parezcan posiciones opuestas, en ambas nuestra historia está participando en la forma en la que imaginamos nuestra futura maternidad.

Por eso, quizá sea más útil preguntarnos:

  • ¿Qué quiero conservar de lo que recibí?
  • ¿Qué quiero hacer diferente?
  • ¿Qué quiero construir yo?

Construir nuestra propia identidad como madres no significa rechazar nuestra historia ni repetirla. Significa empezar a reconocerla para poder elegir.

 

¿Cómo influye la relación con tu madre en el embarazo?

El embarazo supone una transición importante en nuestra identidad. No solo imaginamos a nuestro bebé, sino que empezamos a construir una imagen de cómo seremos nosotras como madres.

Desde la terapia ocupacional perinatal hablamos de transiciones ocupacionales cuando un cambio vital modifica nuestros roles, rutinas, responsabilidades y también la manera en la que nos vemos a nosotras mismas. Convertirse en madre es una de ellas.

Durante el embarazo pueden volver recuerdos de nuestra infancia en los que hacía años que no pensábamos. Quizá entendemos de otra manera algunas decisiones de nuestra madre o comenzamos a cuestionarnos situaciones que hasta entonces habíamos normalizado.

Para construir esa nueva identidad utilizamos referencias. Nuestra madre puede ser una de ellas, pero también nuestra pareja, otras mujeres de la familia, otras madres, nuestra cultura, las redes sociales y nuestras propias experiencias.

Y entonces puede aparecer ese miedo: ¿y si termino repitiendo con mi bebé lo que viví con mi madre?

Aquí hay algo fundamental:

Nuestra historia influye, pero no escribe por adelantado nuestra maternidad.

Haber recibido una determinada forma de crianza no significa que vayamos a reproducirla automáticamente. Pero tampoco basta con decidir que haremos exactamente lo contrario.

Por ejemplo, si creciste en una familia donde apenas se hablaba de las emociones, quizá decidas que con tu hijo hablarás absolutamente de todo.

La pregunta sería: ¿lo haces porque responde a las necesidades de tu hijo y a la madre que quieres ser o porque necesitas alejarte todo lo posible de aquello que tú viviste?

La diferencia es importante. El objetivo no consiste en convertirnos en la madre opuesta a nuestra madre, sino en construir nuestra propia manera de ser madres.

Para hacerlo podemos observar qué queremos conservar de nuestra historia, qué queremos transformar, qué situaciones nos remueven especialmente durante el embarazo y qué expectativas estamos colocando sobre nosotras mismas.

También podemos reconocer los recursos que tenemos hoy y que quizá nuestra madre no tuvo.

Porque hay algo que conviene recordar: tú no eres tu madre, tu bebé no eres tú y vuestro contexto tampoco es el mismo.

Hay otra historia, otra familia, otros recursos y nuevas relaciones que están empezando a construirse.

 

5 Pasos para construir tu propia identidad como madre

Te los comparto en el VIDEO que está debajo.

¡Que lo disfrutes!

Conclusiones

Comprender la relación con nuestra madre no significa buscar culpables. Significa conocernos mejor para poder elegir.

Esa relación forma parte de nuestra historia y puede habernos dejado aprendizajes que queremos conservar, otros que queremos transformar y algunos que empezamos a cuestionarnos precisamente cuando nosotras mismas vamos a convertirnos en madres.

Pero nuestra historia influye en nosotras; no determina la madre que vamos a ser.

Por eso, el embarazo puede ofrecernos un momento para observarnos, reconocer qué se activa en nosotras, descubrir qué necesitamos y comenzar a construir nuestra propia manera de ser madres desde nuestra vida cotidiana.

Prevenir también significa no esperar hasta encontrarnos desbordadas o repitiendo respuestas que no comprendemos para empezar a conocernos.

Desde la terapia ocupacional perinatal podemos acompañar este proceso durante el embarazo y llevar toda esta reflexión a nuestras relaciones, rutinas, autocuidado, decisiones y al entorno que estamos empezando a construir para recibir a nuestro bebé.

No podemos elegir la historia de la que venimos, pero sí podemos participar activamente en la construcción de la madre que queremos llegar a ser.

 

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Un abrazo enorme, y nos vemos en el próximo artículo.

Eduvigis.